CINE PERUANO:
Una batalla contínua
Violeta
Núñez
Los problemas del cine peruano son comunes a los del latinoamericano
pero ellos parecían haber encontrado una solución
con el Consejo de Cinematografía, Conacine. Violeta Núñez
participante en este Consejo por tres periodos disecta la experiencia
en búsqueda de razones y soluciones.
Ver El ojo que piensa No 0
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Un pequeño recuento de los hechos
La navidad de 1992 fue trágica para el cine peruano. El gobierno
fujimorista llevando al extremo la prédica del liberalismo
económico derogó los últimos incentivos de
la Ley 19327 que permitieron al cine peruano una vida de 20 años
iniciada en 1972. La exhibición obligatoria, usando
el término de esos años, que permitía el ingreso
de la producción nacional a las salas de cine y el porcentaje
del tributo municipal de las entradas de cine en beneficio de las
empresas productoras fueron suprimidos. Las salas cumplieron fielmente
el mandato y aproximadamente 80 cortometrajes quedaron en el aire
sin la posibilidad de terminar el circuito de exhibición
y recuperar la inversión realizada. Las pérdidas para
los cineastas locales sobrepasó el millón de dólares
y más de 200 personas quedaron sin trabajo. Para una pequeña
cinematografía como la peruana esto significó una
sentencia de muerte. Se estudiaron varias salidas, una de ellas
fue un acuerdo entre exhibidores y cineastas para la exhibición
de películas peruanas pero luego de varios intentos de negociación
el único camino fue luchar por una nueva ley. Mas allá
de la retórica y buenas intenciones se entendió que
sin una norma legal que obligara a las salas a exhibir cine peruano
cualquier negociación entre las partes era letra muerta.
El nuevo proyecto presentado ante el congreso no pedía ningún
subsidio pero si en lenguaje post moderno la cuota de pantalla.
Pese a los escepticismos el proyecto de ley fue aprobado una madrugada
por el congreso. Era la primera vez que el estado peruano intentaba
dar la impresión que "la cultura" le interesaba.
Lamentablemente el hecho de proteger una industria desde el estado
en una prédica liberal, no suena bien en América Latina.
Esto ocurre en cualquier parte del mundo excepto en nuestros países
y el proyecto de ley no fue ratificado por el ejecutivo. Sin embargo
para no quedar mal frente a la opinión pública el
gobierno presentó otro proyecto. En este nuevo proyecto de
ley el estado era el "promotor" del cine. La ley creaba
un fondo de promoción al cine que provenía de las
arcas del estado.
Promoviendo al cine: el CONACINE y la 26370
Puede resultar aburrido leer - y también escribir- estos
párrafos pero son necesarios para que los lectores entiendan
el mecanismo de la ley peruana.
El Consejo Nacional de Cinematografía del Perú CONACINE,
es el organismo estatal creado por la Ley 26370 encargado de dirigir
y promover la actividad cinematográfica. Sus funciones son
múltiples. Está formado por diez miembros miembros,
siete de ellos elegidos por un periodo de un año de las áreas
de enseñanza, producción, exhibición y distribución
cinematográfica; los tres miembros restantes son nombrados
por el estado.
Dentro de las variopintas funciones que la ley otorga al CONACINE
tenemos que: debe difundir los productos del esfuerzo productivo
a nivel internacional, efectuar cursos de lenguaje cinematográfico
dirigidos a profesores de enseñanza media para así
formar una conciencia crítica frente al cine y, preservar
la memoria fílmica nacional.
La Ley promueve el cine bajo la modalidad de concursos con premios
no reembolsables. En el caso de largometrajes los concursos deben
realizarse dos veces al año. En cada concurso se premia hasta
tres guiones de los presentados. Los montos recibidos por el primer,
segundo y tercer premio están basados en Unidades Impositivas
Tributarias (UIT). 1 El dinero
es entregado en tres partes. La primera al inicio de rodaje, la
segunda una vez finalizado y la tercera cuando la película
está terminada.
Los concursos de cortometrajes están dirigidos a obras acabadas
con una duración menor de 20 minutos. La ley promueve cuatro
concursos al año en donde pueden premiarse hasta doce cortos
en cada oportunidad. El monto del premio otorgado es de 16 UIT.
Cada concurso tiene su propio jurado 2
el cual tienen dos instancias. La primera es la comisión
técnica que evalúa la factibilidad de producción
en el caso de los largometrajes y la calidad técnica en los
cortos. La segunda instancia es el jurado que otorga los premios
y su decisión es inapelable.
Para que el CONACINE cumpla con el mandato de la Ley debe contar
con un presupuesto anual aproximadamente de un millón y medio
de dólares.
Balance de la experiencia
La propuesta presentada por el gobierno en 1994 fue recibida con
cierto escepticismo por el gremio pero tuvo que ser aceptada sin
mayores márgenes para sugerencias. Asumir la responsabilidad
de implementar y hacer cumplir la Ley 26370 no ha sido una tarea
fácil. En los siete años de vigencia de la ley se
han aprendido muchas cosas.
Lo primero que aprendimos cuando se instaló el primer Consejo
Directivo del CONACINE, en 1996, fue que debíamos luchar
por el presupuesto del flamante organismo. La partida presupuestal
con la que debía implementar el mandato de la ley no había
sido concedida en el ejercicio fiscal de ese año y posiblemente
nunca fuera inscrita dentro del Presupuesto del Ministerio de Educación
en los años siguientes. Recuérdese que el Perú
es un país con doce millones de pobres, ocho de los cuales
viven en extrema pobreza. Establecer una partida para promover una
actividad cultural como el cine era una experiencia inédita
dentro de uno de los sectores del estado que recibe una ínfima
asignación al interior del Presupuesto General de la República.
El cuento de la austeridad fiscal ha sido la constante letanía
de sectores de la burocracia para hacer entender a los cineastas
que deben esperarse a que haya menos pobres. Por otro lado, los
ingresos del estado en los años del fujimorismo estaban dirigidos
a prolongar el mandato de la dictadura que debía ayudar a
los pobres. Es posible que en el actual gobierno estos ingresos
deban seguir siendo utilizados en los mismos desinteresados fines.
Otro duro aprendizaje ha sido trabajar al interior de la estructura
del estado. Entender la lógica de trabajo de la burocracia
y lo más terrible hacerles entender la mecánica y
lógica de trabajo en cine. Son tiempos y lógicas irreconciliables.
Para un burócrata - en el escalafón en que se encuentre
- cuando no existe una partida no se debe protestar. Uno debe aceptar
las cosas. Sin embargo para los cineastas peruanos el hecho de que
el CONACINE ejecutara el mandato de la ley era reactivar una actividad
que estaba muriendo lentamente. Recuerdo que cuando se nos informó
de la inexistencia de la partida, el primer día que se instaló
el CONACINE, los representantes de la Asociación de Cineastas
votamos porque se llevaran a cabo los concurso pese a los temores
de los representantes del estado.
El CONACINE debe recibir anualmente un promedio de un millón
y medio de dólares. En los siete años de vigencia
de la ley, el estado sólo ha aportado entre el 10 y 15 %
de esta cantidad anualmente. A esto debe sumarse que CONACINE no
cuenta con una autonomía económica, presupuestal y
administrativa lo cual hace que las buenas intenciones de los miembros
del consejo queden empantanadas en la nebulosa burocrática.
Esto es mucho más alarmante cuando se trata de fijar los
calendarios de entrega de dinero a los proyectos de largometrajes
y cortometrajes ganadores.
Pese a todos los obstáculos en estos siete años se
han realizado cuatro concursos de proyectos de largometrajes aun
cuando debieron ser catorce. Han sido premiados doce proyectos de
los cuales se han terminado seis. En el caso de los cortometrajes
se han premiado alrededor de 40.
El ingreso al Programa Ibermedia recién pudo concretarse
en el 2000 luego de múltiples gestiones de los distintos
Consejos Directivos del CONACINE y de los gremios.
No es el caso discutir si se debe contar con una ley de promoción
al cine. Todas las realidades y experiencias en América Latina
dan como resultado que sin una legislación de promoción
al cine es imposible desarrollar la actividad. Para los cineastas
peruanos ha sido evidente el fracaso de la Ley 26370 y lo que significa
depender de la "promoción" del estado sobre todo
cuando se trabaja con estados a los que lo que menos interesa es
la promoción cultural.
Desde hace poco menos de un año se empezó a trabajar
una nueva propuesta que independice el fomento de la producción
cinematográfica del estado. La nueva propuesta de ley es
actualmente trabajada en comisiones. Ésta propone crear un
fondo de fomento mediante un impuesto al boletaje para las funciones
de cine y una taza del uno por ciento por cada suscripción
mensual de servicio de televisión por cable además
de lo que asigne el presupuesto de la República. Lo que se
busca es que la propia actividad cinematográfica financie
la producción. La experiencia de la 26370 confirmó
como inviable el depender exclusivamente de un fondo estatal.
Es cierto que el cine peruano atraviesa por una fuerte crisis creativa
y no logra reeditar los éxitos de los ochenta e inicios de
los noventa que tuvieron gran aceptación en el público
local y lograron cosechar premios en festivales de no poca importancia
en el exterior. Hasta el día de hoy no aparece una nueva
generación de técnicos, productores, guionistas y
directores con una propuesta interesante. Las nueva generación
de cineastas y videoastas aún no presenta propuestas y otros
al intentar el estilo cine americano con el estrellato hollywodense
como objetivo no les permite una mirada interior que pudiera enriquecer
una propuesta, si es que la hubiera. Aldo Salvini sigue siendo el
último cineasta interesante cuyos cortos en su mayoría
fueron realizados en las postrimerías de la 19327.
El camino hacia la nueva ley de cine es largo y aún quedan
muchas etapas y batallas que deben librarse y ganarse. Yo espero
que llegue un Happy End luego de tantos episodios.
Notas
( 1 ) 1° premio: 270 UIT, 2° premio: 195 UIT, 3° premio:
155 UIT. El tipo de cambio se ha mantenido estable en los últimos
años a 3.50 soles por dólar aproximadamente.
( 2 ) El jurado, en ambos casos, está conformado por dos
miembros del Ministerio de Educación, un crítico,
un docente y tres notables de cultura.
Violeta Núñez Gorritti (Lima, Perú, 1964)
Cineasta e historiadora de cine. Ha publicado Pitas y alambre: la
época de oro del cine peruano 1936 -1950 (Editorial Colmillo
Blanco 1990) y Cartelera Cinematográfica Peruana 1930-1939
(Fondo Editorial Universidad de Lima 1998). Su último trabajo
de investigación es Barrios, salas de cine y mentalidades
en Lima 1897 - 1929. Fue elegida como representante de los docentes
cinematográficos en el primer consejo directivo del CONACINE
en 1996. Esta labor se repitió en los años 1997 y
1999. Formó parte del Comité organizador de la Cinemateca
Nacional designado por CONACINE. Actualmente está editando
su primer video documental Cine historia de una pasión producido
por Casablanca Latinfilms
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