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Chapapote
Angel Comas


La ola de petróleo crudo que está matando las costas de Galicia sirve de punto de partida y metáfora para hablar de la exhibición y distribución cinematográfica en España.

Ver El ojo que piensa No 1


Chapapote:

Asfalto más o menos espeso que se halla en México, las Antillas y Venezuela. Esta es la definición según la vigésima segunda edición del diccionario de la Real Academia Española de la Lengua pero desde el 13 de noviembre del 2002 es una palabra maldita que se ha hecho popular en toda España por culpa de la catástrofe del barco petrolero Prestige. El buque se averió en las costas gallegas y el gobierno español, en lugar de llevarlo a puerto para trasvasar su peligrosa carga, 50,000 toneladas de petróleo crudo, lo mandó mar adentro. Allí se partió en dos y desde entonces, el chapapote -término popular utilizado hasta entonces por los pescadores gallegos para el crudo- sigue manando incensantemente, contaminando las costas de todo el norte de España y el suroeste de Francia. Se calcula que el alcance de la catástrofe puede durar años y que pueda destruir la riqueza piscícola de aquella región. Se ha abierto un procedimiento judicial para determinar responsabilidades.

La palabra chapapote ha adquirido desde el Prestige connotaciones imprevisibles. Una de ellas puede aplicarse a “cualquier invasión que, por inoperancia, ineficacia o porque convenga a alguien, no se ataje por parte de quienes tienen la obligación de hacerlo”. Es fácil aplicar la palabra a la industria del cine. Chapapote sería el que envía Hollywood, que inunda, contamina todas las pantallas españolas -y europeas- y mata la posibilidad de que se desarrolle el cine nacional. El gobierno español, y todos los de Europa excepto el francés, está actuando con el “chapapote” de Hollywood de la misma manera que lo han hecho con el chapapote del Prestige: mal y favoreciendo la libre invasión. Todo lo deja a la ley del mercado. Su política de liberalización total aplicada a una industria cultural como es la del cine está favoreciendo sin traba alguna al dominio de Hollywood. La industria norteamericana puede hacer en España lo que le venga en gana, empezando por el casi absoluto dominio de la distribución y la exhibición, piedras vitales de cualquier industria, por ello es la más poderosa del mundo. Si no se controla el punto de venta, tanto el de la industria del cine -las salas-  como la de cualquier otro artículo de consumo (electrodomésticos, alimentación, etc.), los productos no tienen vida por muy buenos que sean. Si una película no se puede ver en los cines porque las pantallas están acaparadas por el cine nortemericano la película no existe, por muy buena que sea. Si un filme no puede pasarse por televisión en prime time porque el espacio está ocupado por el cine norteamericano, este filme aún existe menos porque el público televisivo, de mayor edad que el de los cines, es el más influyente de la sociedad. Piénsese que en España, quienes poseen el poder fáctico -políticos, empresarios, presentadores de programas populares de radio o televisión- apenas van al cine, todavía está considerado como arte menor o como simple entretenimiento. Un popular presentador de radio como Josep Cuní siempre ha mostrado sus preferencias por el simple cine de evasión. Una ministra de cultura pensó que Airbag (Juanma Bajo Ulloa, 1997) era una película norteamericana. El presidente de la Generalitat de Catalunya Jordi Pujol ha vivido siempre de espaldas al cine, deslumbrado por su política de normalización lingüística financiando doblajes al catalán del cine norteamericano en lugar de ayudar al cine catalán hecho en Cataluña. Del presidente español Aznar no se conoce afición cinematográfica alguna.

En el contexto de este panorama podría parecer exagerado hablar de crisis del cine español cuando se presentan unas cifras aparentemente envidiables. Según el informe elaborado por la empresa Film Interactive, publicado por la revista Academia, revista de cine español (num. 33, invierno de 2002), órgano oficial de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España, durante 2002 se produjeron nada menos que 114 largometrajes, 39 de ellos en régimen de coproducción, prácticamente los mismos que en el 2001 -117 y 35 respectivamente-. En principio son cifras magníficas si tenemos en cuenta su evolución respecto a ciclos anteriores:

Producción anual

Año

Total de largometrajes producidos

Largometrajes en coproducción

1990 

42

10

1995

56

22

1996

97

36

2000

104

31

2001

117

35

Pero la euforia inicial empieza a enfriarse cuando se entra más a fondo en la cuestión. Sigamos con el informe de Academia:

Cuota de mercado

Año  

Cine norteamericano

Resto Unión Europea

Otros países

Cine español

1999

64.2

18.9

2.4

14.5

2000

82.7

7.2

0

10

2001

62.2

13.6

6

17.8

2002

77

10

1

12

Ello significa que en el 2002 el cine español ha perdido 7,200.000 espectadores y 40 millones de euros, en cifras globales. Y se teme que el 2003 siga la misma tónica.

Otros datos ayudarán a explicar esta aparente contradicción entre el gran número de película producidas y la baja de espectadores durante el 2002. He aquí las diez primeras películas en recaudación, en euros, y número de espectadores:

Películas extranjeras (todas norteamericanas):

Título original

Recaudación en euros

Número de espectadores

1.Spider Man

22.730.012

5.176.000

2. The Lord of the Rings, The Fellowship of the Rings

22.278.072

4.856.000

3.Star Wars,
Episode II

16.995.447

3.625.000

4.Monsters Inc.

16.075.291

3.600.000

5.Ocean’s Eleven

13.924.888

3.082.000

6. Ice Age

12.236.997

2.819.000

7. A Beautiful Mind

11.953.590

2.631.000

8. Signs

11.364.230

2.516.000

9. Men in Black II

11.249.511

2.535.000

10.Minority Report

11.109.998

2.402.000

Películas españolas:

Película

Recaudación en euros

Número de espectadores

1. El otro lado de la cama

11.913.189

2.699.000

2. Los lunes al sol

5.615.697          

1.193.000

3. Hable con ella

5.151.938          

1.134.000

4. Darkness

3.978.978          

879.000

5.La Caja 507

2.262.857             

484.000

6. A mi madre le gustan las mujeres

 1.920.413

427.000

7. 800 balas

1.671.021             

367.000

8. El viaje de Carol

1.597.941                 

349.000

9. Nos miran

1.597.941                 

349.000

10. OT, la película

1.507.262 

341.000

En resumen, el cine español está inmerso en una crisis más profunda de lo que pueda parecer a simple vista. Hay que tener en cuenta además que:

  • Las películas españolas más taquilleras han estado distribuidas por empresas multinacionales norteamericanas y por dos españolas que controlan  producción y exhibición.
  • Las cadenas de televisión han reducido sus inversiones, y se está a la expectativa de lo que suceda con la fusión entre las dos plataformas digitales.
  • El gran número de primeras obras producidas –casi el 30% del total- se debe a las ayudas existentes para los nuevos realizadores. Con ellas, derechos de transmisión, costos bajos y el entusiasmo de los nuevos, los productores se animan. Se enfrían en cuando el realizador deja de ser novel.

El tema da, evidentemente, para mucho más y la discusión queda abierta. Pero quiero cerrar estas impresiones destacando el pesimismo imperante para encontrar una solución teniendo en cuenta el talante del gobierno actual. La única salida parece ser contemplar el problema en el marco global de la Comunidad Europea que lleva a cabo interesantes pero insuficientes intentos. Con este panorama, me parece lógico que la mayoría de la gente del cine no tome riesgos, que produzca los filmes que siguen la moda o que se plieguen a las exigencias temáticas y formales de quienes los financian. Ahora sería impensable incluso hacer filmes como los de Saura, Bardem o Berlanga de la época franquista, aunque haya honrosas excepciones. Hemos hablado del número de películas pero, ¿cuántas reflejan la realidad del país? ¿Cuántas son simples cintas de evasión que repiten los modelos norteamericanos de éxitos, comedias juveniles y thrillers?

Sin respuesta política, la situación es propiedad del oligopolio real de la industria de Hollywood, no en España sino en todo el mundo, un auténtico chapapote que puede acabar no sólo con la industria del cine sino con formas de vida autóctonas, cuya ideología se trasmite a través de las películas o de las series televisivas. Igual que todos los sectores, el cine queda englobado en un interesado proceso de globalización consumista e igual que en la comunidad gallega, la gente del cine español ha de eliminar el chapapote con medios primitivos, incluso con las manos y cubos, mientras que los invasores disponen de las más sofisticadas técnicas y equipos de contaminación sin que nadie los detenga. El pesimismo se manifiesta aún más por la reacción del ejecutivo después de los polémicos Goya de este año en que todos los premiados se manifestaron contra la guerra. Y también por seguir apoyando los planes de Bush después que más del ochenta por ciento de la población española se haya manifestado en contra de que España participe en la guerra por el petróleo. Son sorderas interesadas completamente desesperanzadores pero totalmente elocuentes.

Angel Comas es Doctor en Comunicación Audiovisual y Publicidad, miembro de la Associació Catalana e Critics i Ecriptors Cinematográfics. Como crítico y comentarista cinematográfico, ha colaborado en Catalunya Express, La Vanguardia; las revistas Nosferatu y Dirigido por..., en Radio Barcelona, Radio Nacional y TVE entre otros. Algunos de sus libros son Monturiol, El cinema a Catalunya després del franquisme. Están  en prensa William Wyler,  su cine su época.;  Lo esencial de Preston Sturges. El star-system del cine español de postguerra (1939 –1945), Ignacio f. Iquino, hombre de cine


Las costas de Galicia después del Prestige

El otro lado de la cama Núm. 1 en taquilla


Lunes al sol Núm. 2 en taquilla









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Universidad de Guadalajara D.R 2002.