Montevideo te veo
Amparo Gea
El cine uruguayo no tuvo, como el mexicano
o el argentino, su momento de gloria que se apagó.
Más bien ha tenido chispas que Amparo Gea, espera se
conviertan, con la aparición de las escuelas de cine
y coproducciones, en una producción que refleje a su
país de origen.
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Contrariamente a las previsiones que podrían surgir
a consecuencia de la crisis económica en el Río de la Plata, en
el último tiempo el cine uruguayo ha tomado un vigor particular.
¿Qué significa esto para un país empobrecido y con una población
de tan sólo tres millones y medio de habitantes? Por ejemplo que
luego de una vida intentando empezar, en 2002 se han rodado cuatro
largometrajes Corazón de fuego o
El último tren (Diego Arzuaga, 2002), Viaje hacia el mar (Guillermo
Casanova), Estrella del sur (Luis Nieto), el documental
Aparte (Mario Handler) y tres más en preproducción.
Hoy parece que comienzan a reunirse en el caldero los elementos
del conjuro para consolidar un espacio de realización uruguaya.
Érase una vez
La producción audiovisual uruguaya se inició pocos
años después de que los Lumiére hicieran sus primeros intentos.
Más tarde ya se estrenó El pequeño héroe del
arroyo de oro, un filme que contaba la historia real de
Dionisio Díaz, niño que murió por salvar a su hermanita de la locura
de su abuelo. Ésta historia se venía representando por mucho tiempo
en los circos criollos, mismos que dieran inicio al teatro rioplatense
y al sainete. Después de varios intentos, recién en los años cincuenta
ocurre el primer éxito de taquilla con una película de humor, Detective
a contramano (1954) Sin embargo los ejercicios continuaban
siendo no más que señales espasmódicas.
Otros
comienzos
En
los años ochenta, con el desarrollo del video como vía de expresión
audiovisual, de un camino técnica y económicamente más accesible,
comienza un intento de exploración más libre. La formación de jóvenes
en escuelas de cine de otros países -fundamentalmente la Escuela
de San Antonio de los Baños- inexistentes por ese entonces en Uruguay
incidió positivamente en este nuevo impulso productivo. Obras como
Mamá era punk, Los últimos vermichelis
y Tahití permitieron que sus autores consolidaran
un estilo propio y que el público uruguayo, se acostumbrase a ver
la obra de sus realizadores. Surgen realizadores como Guillermo
Casanova, Diego Arzuaga, y la obra de un oriundo del departamento
de Colonia, al oeste de Montevideo, empírico por excelencia, el
director de obras de terror Ricardo Islas.
El
cine de animación ya había comenzado a construir sus propias herramientas.
Desde finales de los años sesenta la calidad de la producción fue
de la mano de los logros de Walter Tournier. Parte de su producción
la realizó en su exilio de Lima, pero a su regreso aportó títulos
como Los cuentos de Don Verídico, Los escondites del sol ,
El jefe y el carpintero, Navidad caribeña reconocidos internacionalmente.
En el principio, un fondo
Como
consecuencia de la salida de la dictadura militar, nacieron varias
productoras y muchos proyectos lograron fondos de Organizaciones
no gubernamentales o fueron financiados por otros gobiernos. La
televisión privada comenzó a mostrarse dispuesta a exhibir los productos
nacionales, pero no tanto a pagar por los derechos correspondientes.
Hasta ese momento primaba la necesidad de expresión y un público
abúlico. Entonces, el video Pepita la pistolera (Beatriz
Flores Silva, 1993), realizadora uruguaya formada en Bélgica, logra
una inesperada afluencia. Es ella quien afirma en ese momento que
antes, al estar el apoyo de las organizaciones no gubernamentales
internacionales, no interesaba el retorno financiero.
...pero ahora debemos contar historias que interesen
a la gente. Todos debemos buscar la comunicación con el público
y un retorno vía taquilla, si avanzamos lograremos el retorno de
las empresas. Cuando se estrenó Pepita.., yo iba a
todas las funciones, me metía un ratito y veía sus reacciones. En
nuestra realidad nacional, la única forma de llevar adelante un
proyecto, es el contacto con el público.
Uruguay, ay, ay
Montevideo
en los años cincuenta llegó a ser la capital de América Latina con
mayor índice per cápita de asistencia al cine (17.3 por año) con
117 salas. En 1953 se vendieron sólo en la capital 19.152.019 entradas
y más de 22 millones en todo el país. Cada uruguayo asistía al cine
un promedio de 22 veces por año. En Montevideo en 1955 se estrenaban
allí unas diez películas por semana. Sin embargo, a principios de
los noventa sólo quedaron 17 salas (de las que nueve eran dedicadas
a pornografía) con una asistencia de 0.6. Hoy, la realidad canta
que existen 38 salas fuera de Montevideo, 17 en balnearios - que
sólo funcionan en verano- y de las otras 21, sólo trece funcionan
todo el año. En la capital, incluyendo las pequeñas de los complejos
comerciales existen 33. En cuanto a los distribuidores comerciales,
para contar los que actúan en el país sobran los dedos de una mano
y pocas veces se aventuran en la actividad independiente. Luego
de Detective (Carlos Shlieper, 1954), el balance económico
no había vuelto a cerrar hasta que se estrenó el video Una
forma de bailar (Álvaro Buela, 1997)
entonces, según su director, se recaudó una
suma similar a la obtenida con los premios nacionales de entonces,
de parte del INA (Instituto Nacional Audiovisual dependendiente
del Ministerio de Educación y Cultura ) y FONA (Fondo Nacional de
lo Audiovisual) que dieron lugar a su existencia, sin embargo esa
suma fue repartida entre tanta gente involucrada en la distribución
y la exhibición que poco llegó a la producción.
A resguardo.
El
primer intento de reconocimiento y estímulo oficial se da en 1994
al nacer el Instituto Nacional del Audiovisual, INA, (por el decreto
270/994 del 8/6). Este instituto propone en su Art.5º. el desarrollo
de la industria audiovisual, entendiendo por ésta la producción
cinematográfica, televisiva y videográfica, con exclusión de la
publicitaria. En realidad se trata de un instituto técnico que depende
del Ministerio de Educación y Cultura con autonomía funcional e
independencia técnica. Sus objetivos son: contribuir a la progresiva
profesionalización del sector, fomentar acuerdos de coproducción,
promover la formación de profesionales del audiovisual y la difusión
de sus servicios, así como impulsar la creación del audiovisual
nacional por medio de pequeños fondos, reduciendo al mínimo los
subsidios concedidos a fondo perdido. Sin embargo, la realidad actual
lo muestra como un instituto sin fondos propios por lo que hace
unos años que ha cesado todos los aportes que no sean trabajo humano.
En noviembre de ese mismo año, 1994, y habiendo pesado en las negociaciones
el condicionamiento de la inminente aparición de la TV cable, se
logró un positivo acuerdo entre los canales privados, de cable,
la Intendencia Municipal de Montevideo y el Ministerio de Educación
y Cultura. De allí surge el Fondo para el Fomento y Desarrollo de
la Producción Audiovisual (FONA), que ha otorgado premios y estímulos
a partir de 1995. Paralelamente se creó la Oficina de Locaciones
de la Intendencia Municipal de Montevideo para canalizar las acciones
de la Intendencia para organizar y obtener el apoyo de instituciones,
servicios, coordinaciones, contactos internacionales, hotelería
y fomentando el trabajo de una mano de obra compuesta en su mayoría
por menores de 30 años. Al respecto, la realizadora Beatriz Flores
Silva afirma:
Hace unos pocos años en Uruguay no había nada.
Aún los mecanismos son muy tímidos pero constituyen hitos. Antes
los extranjeros pensaban ´si esta no consiguió nada en su propio
país, quiere decir que su proyecto es una porquería`. Ahora el proyecto
adquiere credibilidad.
El
FONA, ofrece alrededor del 10% de lo que se necesita para un largometraje
ficción, pero con eso se puede conformar un paquete nacional para
ir a los productores y decirles mi país ofrece esto. Poco a poco
este país se ha ido equipando y capacitando como plaza para producciones
extranjeras. Tal es el caso del portugués Zé María Vaz da Silva,
quien fuera asistente de Win Wenders, quién comentaba:
Este es un país sin mucha experiencia en hacer
películas, pero me gusta esta motivación de la gente, esa complicidad
de hacer cualquier cosa de nuevo hasta que salga bien y siempre
con espíritu de equipo. Hay una gran motivación. Es como al principio
en Portugal. Estaba la gente que luego se envolvió emocionalmente
con mucha fuerza en la idea de hacer la película...
Oscar
Kramer, productor de La historia oficial (Luis Puenzo,
1985) y Plata quemada (Marcelo
Piñeyro, 2000), entre otras, comenta:
Hace tres años filmamos La lección de
tango (Sally Potter, 1997) y tuvimos enormes dificultades
para filmarla en Buenos Aires. En un fin de semana que Sally vino
a pasear por Colonia y por Montevideo, me dijo "¡¿por qué no
habremos filmado aquí?! Es el lugar de mis sueños para una película
de tango". Creo que eso es lo que tendrían que aprovechar más
los uruguayos
Fuente de trabajo
Andrea
Pollio joven productora uruguaya que ha trabajado en la producción
de gran parte de los filmes uruguayos, comenta:
Ojalá siempre vinieran producciones extranjeras
porque habría trabajo seguro para una cantidad de gente. No sólo
para la gente que trabaja en el medio, los técnicos, sino para todo
Montevideo, para todo Uruguay. Porque cuando vos salís con una película
a la calle contratáis todo tipo de servicios que no tienen nada
que ver con el medio. Por ejemplo, vas a un lugar y todo un equipo
se sienta a tomar café en un boliche en una esquina...La otra vez,
sin ir mas lejos, estábamos filmando en Palermo Box y la señora
del almacén de la esquina de pronto dijo “no tengo más cigarros,
no tengo más Coca Cola, no tengo más nada”. O sea, no es bueno sólo
para nosotros sino también para la zona donde se va a filmar, con
la gente que se va a conectar porque movéis toda una estructura
¿no?
¿El cine uruguayo es posible?
Taco
Larreta, actor y guionista uruguayo de El curro Giménez,
afirma:
Así como mi generación, contra viento y marea
construyó un teatro nacional, con un poder de convocatoria fantástico
y una gran incidencia social. Creo que con el cine hay una generación
de gente muy decidida a hacerlo.
Tal
vez la prueba de fuego para la capacidad técnica del país fue la
participación en la coproducción de Plata quemada (Marcelo
Piñeyro, 2000). A partir de allí se rodó la coproducción En
la puta vida (Beatriz Flores Silva) que resultara ser el
más taquillero en la historia del cine uruguayo, con premios como
el Colón de Oro y Llave de la Libertad en el Festival Iberoamericano
de Huelva, España 2001; Premio a la Mejor Película, Mejor Actriz
y Premio del Público en el Festival de Lérida, España 2002. Inmediatamente
el largo 25Watts (Juan Pablo Rebella, Pablo Stoll,
2001), tal vez el que más ha logrado una estética propia, obtiene
un reconocimiento en Rotterdam. En lo que va de este año, ya se
rodaron en Uruguay, tres largometrajes: Estrella del sur
(Luis Nieto, 2002), (coproducción con España y Francia), El
último tren (Diego Arzuaga, 2002), (coproducción con España
y Argentina) y Viaje hacia el mar (Guillermo Casanova), en
proceso de edición en este momento. Y lo que es más importante,
a pesar de tener poco más de tres millones de habitantes, las películas
exhibidas allí y en exterior, no han dado pérdidas. La diáspora
no comenzó hoy sino con la dictadura y otras expulsiones económicas
no tan graves como la actual. Realizadores uruguayos los hay en
Venezuela, Argentina y aquí, por mencionar algún caso. Luis Ramón
Novoa, Manane Rodríguez Retrato de mujer con hombre al fondo
(1997), Los pasos perdidos (2001) e Israel Adrián
Caetano Pizza, birra y faso (1997) , Bolivia. (2001). Cada uno con un lenguaje particular brinda
su mirada más honesta aunque desde su tierra se los mire como un
poco extranjeros.
Amparo
Gea (Uruguay, 1964), Licenciada en Comunicación (UDELAR)
con postgrado en Dirección Escénica (EICTV). Asesora del Instituto
Nacional del Audiovisual de Uruguay y organizadora de la Muestra
Itinerante de Cine Uruguayo. Profesora de la Universidad Complutense
de Madrid, Escuela Internacional de Cine y Televisión de Cuba. Guionista.
Escribe sobre cultura y cine en Brecha y El País Cultural de Uruguay,
la revista mediática Otrocampo de Argentina, Cinecubano de Cuba
y Cinevideo20 de Madrid. Dirigió en asociación con Roberto González
el cortometraje de animación Sol, ganador entre otros
reconocimientos del Premio UNESCO a la mejor realización
de cine y video de Latinoamérica y el Caribe.
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