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El último boom del cine boliviano
Ricardo Bajo

Bolivia es uno de los paises latinoamericanos con menor producción propia, durante años no pudo terminarse ni siquiera una producción local. Pero 2003 es un año que parece marcar un renacimiento, o ¿serán sólo los proyectos acumulados? Ricardo Bajo no se deja vencer y analiza las posibilidades de que el estallido sea una llama duradera.

El pasado 20 de julio murió de Beatriz Palacios, compañera, productora de Jorge Sanjinés y cofundadora de la Escuela Andina de cienmatografía Ukamau. El autor del artículo, los editores, colaboradores y equipo de El ojo que piensa se unen a la pena del cineasta y del cine boliviano.

El cine boliviano vive momentos de agonía y esperanza. Desde 1995 se han estrenado únicamente tres películas hasta el 2002. Existen quince salas de estreno en todo un país de ocho millones de habitantes. Una ciudad como El Alto, ciudad dormitorio de La Paz, con mas de 700, 000 habitantes no cuenta ni con un cine.

El monopolio exclusivo de una distribuidora de películas estadounidenses, la empresa Manfer , (la otra, Waza, que distribuía DreamWorks y Universal, entre otras, quebró a finales del año pasado) reduce el panorama de la diversidad a parámetros de escándalo. Los cinéfilos se encuentran abocados a ver únicamente las grandes producciones como Matrix y Terminator. El nuevo edificio de la Cinemateca Boliviana con sus anunciadas tres salas no llega nunca a terminarse por problemas económicos. El nivel de espectadores ha bajado a la mitad en los últimos diez años... En fin, podríamos seguir así durante horas aportando datos sobre la penosa situación del cine boliviano en los últimos años.

Pero el 2003 marca un punto y aparte, por lo menos en cuanto a producción y estreno de películas se refiere. Este año se produce en el país un pequeño "boom" del cine, más por acumulación de proyectos que por una coyuntura favorable estable. Este renacimiento del cine boliviano recuerda al anterior "boom", el año 1995 donde se estrenaron cinco películas, pasando a ser aquel lejano año como el de mayor producción cinematográfica en la historia de Bolivia, ahora superado por este fructífero 2003. En aquel 1995 se estrenaron cinco películas de ficción producidas en Bolivia. Los títulos, , fueron: Para recibir el canto de los pájaros de Jorge Sanjinés; Jonás y la ballena rosada de Juan Carlos Valdivia; Cuestión de fé de Marcos Loayza; Sayari de Mela Márquez; y La oscuridad radiante de Hugo Ara, teleserie originalmente producida en video que fue re-editada en una versión cinematográfica y transferida a 35 milímetros para su explotación en las salas de cine. Estas cinco producciones del 95 son superadas por las ocho que están en marcha o se han estrenado ya este año con la vuelta de los pesos pesados del cine nacional. Los filmes son Los hijos del último jardín de Jorge Sanjinés; El corazón de Jesús de Marcos Loayza; El atraco de Paolo Agazzi; Alma y el viaje al mar de Diego Torres; Faustino Mayta visita a su prima de Roberto Calasich; Hombre llorando de Angelino Jaimes; y una producción de Fernando Aguilar que será rodada a partir de septiembre en Buenos Aires.

La situación de estos ochos filmes es diversa. Algunos ya se han estrenado en esta primera parte del año, otros se encuentran en tareas de postproducción, otros en rodaje y otros en preproducción. Sin duda alguna los más esperados son los nuevos filmes de Sanjinés, Loayza y Agassi, a estrenarse a fin de año, si el monopolio en la exhibición de la subsidiaria gringa lo permite. Vayamos película por película para retratar su situación e importancia.

Comenzaremos por el más grande cineasta de Bolivia, Jorge Sanjinés. El director de La nación clandestina, Concha de Oro del Festival de San Sebastián en 1989, no rodaba hace ocho años pues su proyecto sobre la Guerra del Chaco, contienda que enfrentó a Bolivia y Paraguay en los años treinta por petróleo, no ha llegado nunca a encontrar financiamiento. Antes las dificultades para afrontar esa gran producción, se decía la mas cara en la historia de Bolivia, Sanjinés ha optado este año por rodar una obra de bajo presupuesto en la ciudad de La Paz. La película que se encuentra en julio en pleno rodaje con el nombre Los hijos del último jardín y cuenta con actores no profesionales en el reparto. Sanjinés a puro pulmón rueda con sus propios recursos y cuenta de nuevo con el equipo técnico de su escuela de cine, Ukamau, el cual le ha acompañado en las ultimas producciones. Entre ellos se destaca su mujer, Beatriz Palacios, responsable de la producción y el cámara peruano César Pérez en la fotografía. Un cameo del viejo actor de la mítica película Ukamau, Néstor Peredo, es uno de los pocos datos que se conocen de la producción rodada como siempre con la discreción y parquedad del mítico Sanjinés.

La repentina muerte de la productora y compañera de Jorge Sanjines, Beatriz Palacios, el pasado 20 de julio, ha supuesto un duro golpe no solo a la pelicula del cineasta boliviano como a su vida, y por extension a todo el cine boliviano. Palacios ha sido la mano derecha de Sanjines en toda su larga trayectoria. Juntos fundaron la Escuela Andina de Cinematografía Ukamau. Palacios tenia ya en preparación una pelicula infantil, La tierra sin mal, a rodarse el próximo año. Con su muerte, el cine de Sanjinés pierde un gran sostén.

La segunda película en importancia se llama El corazón de Jesús de Marcos Loayza, que ya va por su tercer filme después de su exitoso debut con Cuestión de fé 1995 y su fallido segundo largometraje rodado en Argentina, Escrito en el agua 1997. Loayza se encuentra actualmente en Alemania donde realiza las labores de postproducción. El estreno en Bolivia de la obra definida como una metáfora de la subsistencia, se espera para octubre. El corazón de Jesús narra los avatares de un funcionario jubilado que se encuentra con problemas cardiacos en plena y galopante crisis económica del país. Los actores principales son Cacho Mendieta (Jesús), Raúl Beltrán, Elías Serrano, Nicolás Bauer, Rosa Ríos, Julio Kempff y el cantautor español Ismael Serrano. El filme esta dentro
del programa Ibermedia. El Conacine (Consejo Nacional de Cine) aporta 100.000 dólares e Ibermedia 90.000. Al mismo tiempo, la alemana Ena Film se encarga de toda la postproducción, y Sahara Films, de Chile, ha puesto las luces y las cámaras. En total, 700.000 dólares de presupuesto.  Otra película con características de coproducción gracias a Ibermedia es Hombre llorando del debutante Angelino Jaimes. El filme es una historia de amor dentro de la cárcel de San Pedro de La Paz, entre un preso y una trabajadora social que realiza una investigación. El presidio es un universo que edifica diferencias, ante todo lo que vive fuera de sus paredes. La cárcel como una sociedad en si misma, con sus propios códigos y sus propias
reglas. Allí se dan cita el dolor y la violencia, pero también el amor con sus múltiples contornos. El presupuesto es similar a la de Loayza, 700.000 dólares, distribuidos así: 159.000 dólares que ha otorgado Ibermedia y Conacine mas 350.000 dólares que serán aportados a medias por empresa mexicana Dulces compañías y la española Igeldo Comunicaciones del productor vasco Angel Amigo. El restante 20% correrá  a cargo del mítico ICAIC de Cuba y la productora boliviana Bar Film. Jaimes ya ha rodado algunas escenas de prueba en la cárcel de San Pedro con actores como Sergio Caballero y Guido Arce, hombres provenientes de la compañía paceña Pequeño Teatro.

Gracias a la coproducción mexicana y española, se espera contar con actores y actrices de esas nacionalidades como Vanessa Bauche de Amores perros.

Otro grande del cine boliviano que retorna es el italo-boliviano Paolo Agazzi con su película El atraco. El filme, en tareas de postproducción, trata sobre el célebre atraco de Calamarca, en el
altiplano boliviano, que acabó con tres muertos y que golpeo por su crudeza a la sociedad boliviana de los años setenta. Sin embargo, Agazzi sitúa su thriller en nuestros días. A pesar de contar con presupuesto de Ibermedia, el director, ahora responsable de una cadena televisiva boliviana, PAT, se ha visto obligado a reestrenar en julio un anterior filme suyo de gran éxito, Los hermanos Cartagena de 1984 para recaudar dinero con el fin de completar su actual producción. Agazzi es responsable de películas míticas en la historia del cine boliviano como Mi socio de 1982, que gano el festival de Cartagena en Colombia y El día que murió el silencio de 1998 con el actor argentino Darío Grandinetti. El italiano nacido en Cremona reside en Bolivia desde 1976 y se ha destacado también como productor.

Las dos únicas películas que se han estrenado hasta ahora son Alma y el viaje al mar de Diego Torres y Faustino Mayta visita a su prima de Roberto Calasich. Ambas han sido estrenadas en formato digital pues no han conseguido el presupuesto necesario para su traspaso a celuloide. Alma y el viaje al mar es la segunda obra de Diego Torres tras La calle de los poetas de 1998. La película que narra las ganas de conocer el mar de una joven artesana paceña ha contado con un presupuesto de 70,000 dólares conseguidos por el propio director  (del Conacine y de la embajada holandesa). Torres ha combinado actores
experimentados como Sandra Peña y David Mondacca e inexpertos jóvenes salidos de casting como la protagonista Mariana Alandia Soto, Antonio Reque y Killa Tedesqui. El filme ha sido estrenado en una sala no convencional y en la Cinemateca Boliviana.

La segunda película ya estrenada es Faustino Mayta visita su prima que ha estado en cartelera más de dos meses en un cine en desuso como el Cine México, que llevaba más de 10 años sin proyectar. La obra también rodada en digital y estrenada en video cuenta de una manera muy artesanal el viaje de Faustino a Argentina para rescatar a su prima de la esclavitud de los talleres textiles bolivianos en Buenos Aires. El humor escatológico y las escenas criollas propias del criticado "teatro popular" caracterizan el filme que ha marcado un récord de permanencia en cartelera de una producción boliviana.  Los protagonistas son interpretados por una cantante de música "chicha" o cumbia y actores del llamado teatro popular. Calasich es conocido en Bolivia por dirigir la exitosa serie televisiva La bicicleta de los Huanca, a principios de los años noventa.

Así, el cine boliviano ha vivido un largo y sentido letargo que ha dado paso a este boom que viene a saciar el apetito del público nacional deseoso y ansioso por verse reflejado en las grandes pantallas, inundadas por una pobre y rutinaria oferta.

Carecer de una cinematografía constante y de calidad es perjudicial para la construcción de imaginarios colectivos necesarios en estos tiempos de globalización galopante con ALCA (Area de Libre Comercio de las Américas) y demás hierbas venenosas.

Este nuevo impulso del cine boliviano se debe exclusivamente a la fuerza, ímpetu y lucha de los hacedores del séptimo arte, que luchando contra los elementos sacan adelante con sangre, sudor y lágrimas, pero también alegrías, sus proyectos. Ni que decir que el Estado, también en este rubro, se "hace el sueco" y desaparece de una tarea, la promoción del arte y de la cultura propia, que debería ser prioritaria.

Ahora sólo cabe esperar que la calidad de las producciones citadas satisfaga tanto al público boliviano como al internacional. Y que no tengamos que esperar ocho años para escribir otra nota como esta

hablando de otro boom de cine boliviano.

Ricardo Bajo Herreras es periodista vasco y trabaja en Bolivia desde hace cinco años en diferentes medios de comunicación escritos de La Paz. Actualmente es editor de Fondo Negro, suplemento cultural dominical del periódico, La Prensa, editado en La Paz (ricardo@laprensa-bolivia.com)

Jorge Sanjines y Beatriz Palacios

Faustino Mayta visita a su prima

Cacho Mendieta en El corazón de Jesús

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Universidad de Guadalajara D.R 2002.